Ella me miraba suplicantemente. Sus ojos claros parecían llorosos, y su sonrisa enterna se había desvanecido.
- Lo entiendo -le dije-, no quieres que nadie lo sepa. ¿Te da miedo?
Miró al suelo y a mi alternativamente por unos minutos, como dudando en responder. Por fin, con algo de cinismo, pronunció:
- Simplemente temo que los demás no quieran aceptar lo que soy.
- Veo, entonces, que te importan los demás -ataqué.
- No, no me importan -respondió alzando sus ojos en una penetrante mirada arrogante.
- ¿Entonces?
- No... no lo sé.
Y enmudeció.
Presiento que ella tenía miedo, que le asustaba en exceso admitir su verdadera pasión. La opinión de los demás le importaba más de lo que admitía, y lo peor, era que ella misma se daba cuenta.
- ¿Entonces vas a presentarla en tu casa? -pregunté al azar después de unos minutos.
No me respondió. La orgullosa alemana se levantó sin mirarme y comenzó a caminar sin preocupación.
- Creo que eso es un sí -murmuré para mi misma.
Ahora pienso que debe ser dificil tener novia.
Kissu Oshitari~