Tenía los labios rojos, rojos y los párpados azules, azules. Se detuvo a la mitad de la calle porque la esquina le pareció repulsiva. Parada sobre esos tacones tan altos sintió que estaba en la cima del mundo, en la gloria absoluta. Salió de su ilusión cuando un coche se detuvo frente a ella. Ya conocía al hombre que bajó el cristal oscuro, que le hizo una seña con la mano para que se acercara, que le tocó los senos casi desnudos mientras le daba dinero.
La mujer de labios rojos y párpados azules suspiró sin que se notara mucho, recordando cuando era niña y soñaba con ser prostituta, con pintarse los párpados del color que cargaba en ese momento y de relamer sus labios artificialmente rojos... Sin embargo, era la vida real y dolía mucho.
Kiss