Y los muros comenzaron a caer. Los árboles de manzana miraban sin poderlo creer. La taza de chocolate se derretía con los penetrantes rayos del sol y el ruido silencioso de la catástrofe se abría paso en el cielo.
Un pañuelo se rompió y el agua se movió, agitada, inquieta, presa de la desesperación y del miedo. Sin embargo, nada era aparente, al menos hasta que los muros se derribaron definitivamente.
Kissu Oshitari~