- Después de todo, ni los dioses podemos solucionar todo lo malo que sucede cada día.
La Diosa se sentó en la banca del parque y comenzó a lamer su helado con delicadeza. Observó atentamente lo que pasaba, a las personas que caminaban, a los niños que jugaban y a los pájaros que cantaban. Miró todo con demasiada atención sólo para darse cuenta de ese comportamiento tan humano.
Por un momento, esa bella mujer deseó conocer a alguien que se pareciera a ella y a su inmortalidad. Sin embargo, todos los dioses que conocía se sentían demasiado dentro su perfección. Ella necesitaba a alguien que se sintiera superior a los humanos, no a los suyos.
Alguien se acercó. La persona se sentó en la misma banca a sólo unos metros de distancia sin decir nada, sin siquiera voltear. Parecía ser superior, parecía poder lograr todo lo que se propusiera.
- Así que eres una Diosa -dijo de repente.
Cuando la Diosa volteó, se dio cuenta que ella ya se había ido. Sí, era una de ellos.
Kissu Oshitari~