"Mauricio mordió la piel del estómago y la rasgó hasta que el vientre se desbordó. Andrés se hincó y entre los dos se atiborraron de vísceras.
Escurriendo sangre se metieron al mar".
Cerró el libro. Se les notaba a leguas su licantropía.
- Los licántropos nunca han sido muy sutiles, ni muy sofisticados -suspiró.
No sólo eran los escritores quienes decían que los licántropos eran seres salvajes con poco sentido común, también los vampiros lo hacían, al menos todos los que conocía.
Su mejor amigo y pareja de caza era uno de esos incivilizados. Siempre hacían lo mismo: ella succionaba y él desgarraba. Ella, la sangre, él, la carne. No entendía cuál era el placer de comer eso que tanto los humanos como sus razas tienen debajo de la piel.
Un día, su mejor amigo se aprovechó: bebió el preciado líquido vital. Eso no se lo podía permitir, por más cariño que le tuviera. Ambos tenían un pacto tácito de respeto. Se le fue encima poseída por un orgullo incondicional y pareció matarlo de un golpe. Él no se inmutó, dejó que ella le diera el golpe. Nunca volvió a ocurrir.
Se enfadó al recordar los escenarios de sus crímenes: llenos de sangre y de órganos y tejidos regados por doquier. ¿Nadie les había enseñado que debían limpiar el área de trabajo?
Volvió a abrir el libro. Aún faltaba tiempo y ese salvaje no pasaría por ella hasta después de elas ocho. Los licántropos eran difíciles de domesticar pero ella haría el intento. Queda mucho tiempo, al menos unas cuantas eternidades.
Kissu Oshitari~