Sandía

Roja como sólo ella puede serlo, poco a poco salía de su verde morada, permitiéndonos ver un poco de su verdadero ser.
Dentro de su rojeza, un poco de negro había, un poco de ese no sé qué especial que era capaz de conquistar a los más exigentes ojos.

Y entonces olió su ser, lo besó y lo mordió, con delicadeza.
Su sabor lo cegó y, después de un rato, se sintió feliz, culminando su acto.

- Qué deliciosa sandía -dijo.




Kissu Oshitari~